sábado, 29 de mayo de 2010

El castigo como mediador entre la conciencia y la culpa
Pequeño ensayo sobre el personaje de Margarita en “El asesinato de Palma Sola” de Rafael Delgado.
En la narrativa latinoamericana encontramos autores que prefieren escribir sobre la realidad de las sociedades con las que conviven, llenas de personajes conflictuados entre el bien y el mal, mostrando con ello una condición más humana y cercana a las pasiones de los que todos somos presa alguna vez.
En el cuento “El asesinato Palma Sola” de Rafael Delgado, escritor mexicano oriundo de Orizaba, Veracruz; se nos enfrenta a una situación que maneja dos conceptos que innegablemente se presentan juntos, como si la existencia de uno explicara la del otro.
Casi al término de la pequeña introducción, Rafael Delgado nos arroja la invitación a la reflexión en la frase que uno de los personajes dice: “¿no dicen por ahí que donde la humana justicia queda burlada, otra más alta, para la cual no hay nada oculto, acusa, condena y castiga?” Y es aquí, precisamente con estas palabras que surge una pregunta primera. ¿La conciencia es la que nos acusa, nos condena y castiga o es la culpa la que realiza tales funciones? Las respuestas nos pueden llevar a un debate filosófico del cual difícilmente se llegaría a una conclusión que se antojara ley, no pretendo tanto, si acaso, buscar en los personajes involucrados en dicho cuento una interpretación al respecto.
La conciencia, es la capacidad de distinguir entre lo que está bien y está mal y permite al individuo tomar decisiones de acuerdo a su código de valores, la culpa no es más que la sensación desagradable que nuestra conciencia nos regala cada vez que confrontamos ese código de valores con nuestros propios actos. Si estamos de acuerdo con esto, podemos concluir que la conciencia actúa antes y después del acto mismo.
En “El asesinato de Palma Sola”, ocurre un asesinato que se aclara después de 8 años, no por la pronta intervención de la policía o las investigaciones llevadas a cabo, no, se aclara porque la culpa es la que condena y castiga llevando entre sollozos y pena a uno de los responsables del crimen ante las autoridades, estamos hablando de Margarita, la mujer del difunto Casimiro, ¿Porqué creyó que confesando su falta encontraría consuelo o paz?
La noche del asesinato de Casimiro la conciencia de Margarita ya había participado en sus decisiones, es decir; la conciencia entabló un diálogo entre lo que está bien y lo que está mal, Margarita decidió primeramente que no estaba mal tener un amante y después que no estaba mal asesinar al marido, así que planeó la manera de hacerlo. El narrador nos dice: “Cuando Casimiro llegó ya Margarita le esperaba en la puerta”, Margarita esperaba, no precisamente a su marido, sino a que todo terminara. No dudó, su conciencia ya había intervenido y la decisión estaba tomada, de manera  que Margarita todavía se echó al lado de Casimiro a seguir esperando, lo despertó después para animarlo a salir afuera sabiendo muy bien que iba desarmado y que lo estaban acechando, esperó ocho años para confesar su crimen, al hacerlo las palabras que hablan sobre su culpa fueron: “Porque, señor, ya no puedo más... ya esto no es vivir... y vengo...vengo a decirlo todo, a decir quiénes lo mataron...”.

En el personaje de Margarita podemos apreciar la confrontación del ser humano, las decisiones están regidas por la conciencia, la culpa es el resultado de una mala decisión, entonces ¿porqué confesarlo?

Al reconocernos culpables se necesita expiar la culpa, al expiar la culpa se está tomando responsabilidad de las malas decisiones y la culpa desaparece liberando al infractor, Margarita fue a confesar su delito para que la obligaran a expiar su culpa ya que en ocho años ella no pudo, se casó con su amante y asesino de su primer marido, incluso tuvo un hijo. El autor nos regala la imagen de la mujer acabada, encanecida, con un hijo enclenque para darle la satisfacción al lector sobre el castigo del mal y como respuesta a la frase del principio: “¿no dicen por ahí que donde la humana justicia queda burlada, otra más alta, para la cual no hay nada oculto, acusa, condena y castiga?” , aquí tal vez se refería a Dios, yo interpreto que aquello a lo que nada queda oculto es nuestra conciencia y aquello que acusa, condena y castiga es la culpa.
Margarita quiere expiar su culpa para vivir en paz, por eso fue a confesarse, no se arrepiente de haberlo hecho, en ningún momento lo externa, lo que nos lleva a pensar que la culpa no tiene nada que ver con el arrepentimiento. Margarita no pide perdón, simplemente se confiesa culpable para ser obligada a expiar su falta, el castigo viene a ser un intercambio por el sufrimiento infringido a otros. El actual marido de ella y autor material del crimen no se presenta y podríamos elucubrar muchas historias alrededor de éste, la historia lo permite, sin embargo; prefiero seguir la misma línea e inquirir que la culpa no apareció en él, su conciencia tomó una decisión y nunca más volvió a preguntarse sobre ella.
En este cuento corto de Delgado podemos reflexionar sobre las razones que tuvo Margarita para confesar su falta ¿Fue la conciencia o la culpa? Yo concluyo que una no puede ir sin la otra, la diferencia es que la conciencia está presente antes y después de la toma de decisiones, la culpa sólo aparece después de un balance de consecuencias de esas mismas decisiones, seguramente a Margarita le fue muy mal con su segundo marido, de otra manera su conciencia no le hubiera alertado sobre el resultado negativo de los hechos, si hubiera sido feliz entonces su conciencia no la hubiera martirizado con el fantasma de la culpa, el hecho aquí es que pareciera que nuestro bienestar también influye en nuestra conciencia, la culpa aparece cuando no conseguimos lo que deseamos o imaginamos, lo hecho, hecho está y no queda más que seguir adelante, pero como no podemos dejar nuestra conciencia a un lado debemos redimirnos ante ella, merecemos un castigo para seguir adelante y debemos aceptar el castigo y llevarlo a cabo para estar en paz, cuando no somos capaces de  llegar a ello, no queda otra más que dejar en manos de otros la realización de tal castigo porque en ocasiones no somos capaces de expiar nuestras culpas en silencio ¿cómo sabemos si lo que hicimos está bien o mal?  Al tomar decisiones que nos desencadenan sensaciones desagradables provocadas por la culpa, inmediatamente intuimos que nuestra conciencia no tuvo sano juicio al decidir y llevarnos hasta ese conflicto, entonces dependemos de alguien más “juicioso” para encaminarnos al castigo, en este caso fue la policía, pero ¡Cuántos sacerdotes sabrán de lo que hablo!
Margarita representa aquí la dualidad entre la culpa y la conciencia que no siempre miran hacia el mismo lado, cuando ambas se dan la espalda, entra a escena el castigo para reconciliarlas.


Fuentes:
http://books.google.com.mx/books?uid=4322895160933783444 de donde se tomó información del cuento “El asesinato de Palma Sola” y sobre su autor Rafael Delgado.
www.ead.educacion.df.gob.mx  de donde se obtuvo la antología de lecturas.
Revista de Psicología. Núm. 1-5. Universidad Nacional de la Plata. Departamento de Psicología.

2 comentarios:

Carlos dijo...

Saludos, lei lo de Rafael, vista www.datruared.org

Edith dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.